viernes, 7 de junio de 2013

DÍA 1

ALBA


He soñado con él. Ángel me llamó y además he soñado que iba a hacerlo. Fue anoche, de madrugada. Mi cuerpo entero sudaba de miedo en la cama. Recuerdo por qué le dejé. Me hizo mucho daño. Muchísimo…
El grado de dolor en cada persona es relativo. Hay gente capaz de soportar grandes castigos; otra, en cambio, no aguanta un ligero quebradero de cabeza. Siempre he apostado por resistir hasta el último golpe, aunque empiezo a temer perder esa apuesta. Ángel fue alguien a quien nunca llegué a querer. Lo que yo sentía hacia él era cariño, simpatía. Ahora, sin embargo, le tengo miedo. Al principio pensaba que sus gritos eran porque tenía un mal día, y que si se le iba la mano era porque estaba nervioso por algo. Pero un día descubrí que todos sus días eran malos y que siempre estaba nervioso. Ese fue el peor día de mi vida. Una imagen vale más que mil palabras. No podría describir qué sucedió, pero sí que puedo recordar una imagen en mi memoria.

Él está sobre mí, me aplasta contra su cama. Noto el tacto áspero de una toalla que cubre las sábanas. Sus manos me buscan. Yo tiemblo debajo de él. Le pido que pare. No lo hace. Me resisto, me sujeta. Me libero, corro, me agarra. Entonces le golpeo en el estómago. Él me clava un cutter en el muslo. Sangre, dolor…

Hay noches en las que veo esta secuencia como si fuera una película. Otras, en las que algunas imágenes sueltas me desvelan.  Pero lo que sí puedo asegurar es que no hay noche que no recuerde ese día. Si es así, es porque él no me deja olvidarlo. Casi cada día me llama, algunas veces muy tarde y otras demasiado pronto. Pero en esas conversaciones que mantenemos él habla la mayor parte del tiempo, mientras que yo lloro y suplico. Es así de normal. La otra noche, en concreto, le dije:
-No me hagas nada, por favor.
Me temblaban las piernas. Al día siguiente leí un e-mail en el que me adjuntaba un vídeo. En él aparecía masturbándose. No pude evitar ver la primera imagen. El resto lo dejé, angustiada y asqueada. Por primera vez en mi vida tengo miedo de verdad. A veces sueño con escapar. De todo y de nada en concreto. De las amenazas, de los gritos, de los golpes… pero luego me doy cuenta de que no puedo. Ha llegado a decirme que ha soñado con matarme. ¿Qué responder entonces, cuando esa persona te está destruyendo por dentro? Pero lo que sin duda se le pasaría a alguien por la cabeza es por qué aguantarlo. Podría decir que simplemente le tengo miedo. Pero no es tan simple.
Ángel me posee, y cuando hago esta afirmación abarco la mayoría de sus significados. Porque ha llegado a poseerme físicamente, y porque ahora posee mi mente y mi voluntad. Mi cabeza la manipula con unos cuantos recuerdos dolorosos y futuras palizas. Pero si de verdad me domina es porque guarda unas fotografías mías. En ellas no se trata de que aparezca en contra de mi voluntad, o de que su contenido sea demasiado subido de tono. El caso es que aparece una horrible imagen de mí. Como ya he dicho, una imagen vale más que mil palabras. Y esa imagen puede hacer que mi vida se complique (aún más).
Estoy lista para lo que sea, eso es lo que me digo cada día. ¿Pero y si llega el momento en el que tenga que demostrarlo? ¿Qué pasará entonces? Espero y deseo que me deje marchar. O al menos que no duela. Antes pensé que tenía miedo a la verdad, ahora veo claramente que lo que temo es el daño que pueda hacerme. No es sólo físico, pero he de admitir que con una cicatriz más no podría vivir. No es por ningún motivo superficial, simplemente me recuerdan todo lo que pasó y… me gustaría dejarlo atrás algún día. Es una meta que quiero alcanzar, pero que a veces dudo si podré lograr. Me siento encerrada y acorralada, es como si me rodeara un muro infranqueable, y más allá estuviera mi pasado. Y yo permaneciera en el presente, pudriéndome y consumiéndome, esperando la llegada de un futuro inevitable. Por una parte, siento que yo no hago nada para evitarlo, pero por otra temo adelantar su aparición. Es como si esperara ganar tiempo, aún cuando las manecillas del reloj no dan opción de rascar más de los segundos que las componen. Y yo me encierro dentro de una prisión de cristal, temiendo romperla y borrar lo poco que queda de mí. Aunque no me doy cuenta de que por una rendija se esfuman mi dignidad y mi vitalidad. Como las cuerdas de un violín, la sangre de mis venas se desgasta.
Hay varias palabras que pasan por mi cabeza una detrás de otra, y se repiten, como eslabones uniformes que componen una cadena. Miedo, redención, angustia, pánico, miseria. Circulan por mi mente, cerrando y completándola hasta transformarla en mi peor enemigo. Y vuelven a hacerlo una y otra vez.


ÁNGEL


Creo que sufrió, ¿sabes? Le hice daño aquel día. He hecho muchas cosas en esta vida, pero aquella es indescriptible. Sentía un hormigueo en cada músculo, me mandaban moverme y reaccionar. La quería, necesitaba beber de su piel, de sus labios. La amaba más que a nada, pero ella no lo quería entender. Para mí en esta vida solo existía una dirección, y es la que me conducía a su lado. Recuerdo por qué me dejó. Le hice daño y era consciente, pero no lo pude evitar. Alba… ¿no pudiste darte cuenta de eso?

Me creí fuerte para aguantar, pero no lo fui. El verla con miedo al verme, al tocarme… me nublaba el juicio. Si ella se alejaba yo me acercaba como fuera. Si para ello debía de ser duro, lo era. Te lo ofrecí todo, mi amor, mi protección… ¿Qué más querías?

Aquel día fue tan definitivo, tan oficial... El día en el que nuestros caminos parecieron dividirse. En una tarde todo cambió. Pasó de ser una chica a ser esa chica. Intenté hacerla mía. Requería escuchar su voz, beber de su aliento, palpar su cuerpo y tener su voluntad. Cada noche la llamaba, no podía dormir hasta que escuchaba su voz. Al principio me contenía bien, pero después me ponía nervioso. Entonces necesitaba gritar y dejar clara mi autoridad. Porque si no, no me tomaba enserio. Alba era un ser frágil pero fuerte. Era fácil de hundir físicamente, anímicamente también, pero tendía a luchar siempre. ¿Cuándo entendería que eso no servía para nada? Luchaba contra el amor, contra el destino. Era una batalla perdida. Al final hasta le envié emails, para que no se acostumbrara a no saber nada de mí. Quería que pensara en mí y que disfrutara como yo. Vídeos míos para que entendiera lo que necesitaba de ella, mis intenciones físicas. No eran aptos para niños… ¿me explico? La cosa es que no pareció gustarle, ¿te crees que me llamó pidiéndome que dejara de hacerlo? Estaba llorando, parecía muy nerviosa. No lo entendí. ¿Por qué se ponía de ese modo? Con lo bonito que era el detalle…


Al final necesité llamar su atención. Dejó de hablarme y de hacerme caso. Entonces apareció ese tío. Lucas ocupaba la mayor parte de su tiempo. Eso no estaba bien. Le dije que tenía unas fotos suyas y le aseguré que no le gustaría que salieran a la luz. Aún me sirven para consolarme en mis peores momentos anímicos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario