viernes, 7 de junio de 2013

DÍA 19

ALBA


Los días que he pasado han sido horribles. Durante varias noches he permanecido sin dormir, y por las tardes, dormía de puro agotamiento. Por las mañanas en el instituto era incapaz de concentrarme, y me encontraba demasiado desanimada. He estado en la cuerda floja entre la cordura y la locura, y sigo sin estar segura de haberme vuelto loca. He intentado olvidar todo lo ocurrido, pero no lo consigo. A veces, de camino a mi casa, veo una comisaría cercana, y siento que debería entrar. Sin embargo, no lo hago.
Miro a mi alrededor, todo es extraño, puede que demasiado. No encajo donde estoy, me pregunto si eso quiere decir que no encajo en ningún sitio. Necesito saber que valgo para algo, o para alguien. No sé si es mucho pedir, sin embargo, es lo único que pido. Cada vez hay más cosas por asimilar, y todo es más y más complicado. De un grano de arena se ha originado un desierto. Por querer encajar ahora estoy desencajada del mundo. Luego veo una mirada que me observa, unos ojos fijos en el firmamento nocturno, aún cuando el cielo está cubierto por la polución de la ciudad. Unos ojos que me juzgan, y lágrimas por derramar. Un único grito de ayuda originado en mis pesadillas. Y ya no puedo más. No hay súplicas suficientes para lograr el final de todo esto, ni compasión para acabar. Ni siquiera fuerzas para abandonar este mundo. ¿Por qué será que cuando pienso en tirarme por la ventana tengo miedo a las alturas?
Hace mucho que el viento ya no sopla a mi favor, demasiado de que el sol ya no se refleja en mi mirada, y milenios desde la última vez que sonreí. ¿Cómo sonreír o reír ahora? Sólo hay lágrimas y dolor, miedo donde tendría que estar el valor. Sumisión o redención, esas son mis únicas posibilidades.
Quiero dejar todo esto atrás, y solo lo lograré apartándolo de mi vida. He de ser valiente, acercarme a la gente que me quiere, no puedo seguir estando así durante más tiempo. Y aunque me cueste, me juro a mí misma que lo conseguiré, me lo debo.


ÁNGEL


Un combate más. Eso significó para mí, cómo si no hubiera tenido más pleitos con ella. Necesitaba apartarla por unas horas y llamé a Laura. Estuvimos en su casa, viendo una película. No sabía cuál era, hasta que al comenzarla, descubrí que se trataba de una historia de supervivencia. Una mujer escapaba de su casa con su hija, pues su marido le pegaba. Hubo varias escenas de violencia, y en todas ellas, Laura insultaba al agresor. Yo fui incapaz de dirigirle la palabra cada vez que me comentaba algo. Sentía que el actor malo me interpretaba a mí. Cada golpe que propinaba, cada gesto… eran míos. Verme reflejado de esa forma era extraño. Por una parte, veía a una persona que era superior, por otra, veía a un miserable… ¿maltratador?

La película terminó, al igual que lo hizo una etapa de mi vida. Vi claramente todo lo que había sucedido, como cuando de pequeño me contaban un cuento. Pero en esta ocasión  no había un final escrito. Y lo peor es que ese final tendría que escribirlo yo. Actualmente opino que no le gustaría a todo el mundo.  

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