ALBA
Los días que he pasado han sido
horribles. Durante varias noches he permanecido sin dormir, y por las tardes,
dormía de puro agotamiento. Por las mañanas en el instituto era incapaz de
concentrarme, y me encontraba demasiado desanimada. He estado en la cuerda
floja entre la cordura y la locura, y sigo sin estar segura de haberme vuelto
loca. He intentado olvidar todo lo ocurrido, pero no lo consigo. A veces, de
camino a mi casa, veo una comisaría cercana, y siento que debería entrar. Sin
embargo, no lo hago.
Miro a mi alrededor, todo es extraño,
puede que demasiado. No encajo donde estoy, me pregunto si eso quiere decir que
no encajo en ningún sitio. Necesito saber que valgo para algo, o para alguien.
No sé si es mucho pedir, sin embargo, es lo único que pido. Cada vez hay más
cosas por asimilar, y todo es más y más complicado. De un grano de arena se ha
originado un desierto. Por querer encajar ahora estoy desencajada del mundo.
Luego veo una mirada que me observa, unos ojos fijos en el firmamento nocturno,
aún cuando el cielo está cubierto por la polución de la ciudad. Unos ojos que me
juzgan, y lágrimas por derramar. Un único grito de ayuda originado en mis
pesadillas. Y ya no puedo más. No hay súplicas suficientes para lograr el final
de todo esto, ni compasión para acabar. Ni siquiera fuerzas para abandonar este
mundo. ¿Por qué será que cuando pienso en tirarme por la ventana tengo miedo a
las alturas?
Hace mucho que el viento ya no sopla a mi
favor, demasiado de que el sol ya no se refleja en mi mirada, y milenios desde
la última vez que sonreí. ¿Cómo sonreír o reír ahora? Sólo hay lágrimas y
dolor, miedo donde tendría que estar el valor. Sumisión o redención, esas son
mis únicas posibilidades.
Quiero dejar todo esto atrás, y solo lo
lograré apartándolo de mi vida. He de ser valiente, acercarme a la gente que me
quiere, no puedo seguir estando así durante más tiempo. Y aunque me cueste, me
juro a mí misma que lo conseguiré, me lo debo.
ÁNGEL
Un combate más. Eso significó para mí,
cómo si no hubiera tenido más pleitos con ella. Necesitaba apartarla por unas
horas y llamé a Laura. Estuvimos en su casa, viendo una película. No sabía cuál
era, hasta que al comenzarla, descubrí que se trataba de una historia de
supervivencia. Una mujer escapaba de su casa con su hija, pues su marido le
pegaba. Hubo varias escenas de violencia, y en todas ellas, Laura insultaba al
agresor. Yo fui incapaz de dirigirle la palabra cada vez que me comentaba algo.
Sentía que el actor malo me interpretaba a mí. Cada golpe que propinaba, cada
gesto… eran míos. Verme reflejado de esa forma era extraño. Por una parte, veía
a una persona que era superior, por otra, veía a un miserable… ¿maltratador?
La película terminó, al igual que lo hizo
una etapa de mi vida. Vi claramente todo lo que había sucedido, como cuando de
pequeño me contaban un cuento. Pero en esta ocasión no había un final escrito. Y lo peor es que
ese final tendría que escribirlo yo. Actualmente opino que no le gustaría a
todo el mundo.
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