ALBA
He pasado la noche llorando, lo he
recordado todo. Cada día que he pasado al lado de Ángel, los buenos y los
malos. Lo peor es que no he parado de pensar en él, en sus sonrisas, en sus
besos y en sus golpes. Si jamás le hubiera querido no sería todo tan
complicado. Pero era como un hermano, después mi novio. No puede ser verdad que
él me haya hecho esto (o eso me digo cada día).
-Me pregunto cuánto me queda para
despertar de esta pesadilla.
-Jamás vas a despertar –me dice Lucas-,
no es una pesadilla.
Le he contado lo que me ha pasado estos
días. Desesperada porque me ignorara, le he pedido que me diera razones para no
seguir queriendo estar conmigo. Al decirle lo que me había ocurrida él se ha
disculpado. Ángel no se había quedado de brazos cruzados ante nuestro noviazgo,
de hecho le había pegado en la calle, y le había amenazado con que si volvía a
vernos juntos… No es necesario que describa lo que esa bestia está dispuesta a hacer. Pero Lucas no había dejado de
hablarme por miedo a él, sino por miedo a que me sucediera algo, a que Ángel me
hiciera daño. Por el momento tenía varios cardenales en los costados, gracias
al encuentro con mi amigable ex-novio.
-Alba –me susurra Lucas, cogiéndome de
las manos-, tienes que actuar, no estoy dispuesto a permitir esto.
Suspiro. Yo tampoco estoy dispuesta a
aguantarlo.
-Pero prométeme que estarás conmigo –le
pido, con nuevas lágrimas en los ojos-. Pase lo que pase.
-Te lo prometo –me responde, me besa en
el pelo y me ofrece consuelo y una promesa por la que habría matado.
Sin embargo el miedo no abandona mi
organismo. Miedo a perderle y a perderme a mí misma.
ÁNGEL
La gente jamás busca la verdad, busca su
verdad, exclusivamente la que desean. Todos desean que yo sea el malo para
poder ser los demás los buenos. Si no hay un pobre no hay un rico. Pues si no
hay agua, no hay sed. Si a mí no me hubieran dado a probar la venganza, yo no
habría tenido sed de ella. En aquel momento, después de ver cómo se me
escapaba, puedo aseguraros que estaba sediento, y cada día que pasaba
aumentaban mis ganas de beber. Se trataba de ser el ganador, de no dejarme
pisotear.
Seguí en casa de mi padre porque no
estaba preparado para volver a ver a mi madre. Tenía mucho en lo que pensar,
sobre todo tenía que decidir si esa mujer era digna de seguir siendo mi madre,
pues me había traicionado. Pasarse al otro lado es traición, y ella estaba a
favor de Alba. No me cabía en la cabeza como mi propia madre podía haberme
hecho algo así. Sin embargo siempre podría ver enmendado su error si actuaba
como la madre que era de una vez por todas.
Pasé días sin saber nada de Alba. Pero
eso no significaba que no pensara en ella. De hecho, por las noches, soñaba con
sus labios frente a los míos. En todos mis sueños, ella era mía de nuevo, y por
fin tenía su completa sumisión. No podía concebir un mundo sin su compañía, y
eso me preocupaba bastante. A pesar de todo seguía enamorado. El amor es un
combustible capaz de hacer que un tanque circule por el cielo. Sin embargo yo
andaba por la frontera entre la paz y la guerra. Una parte de mí clamaba
venganza, la otra quería colmarla de afecto. Unas caricias que ella no estaba
dispuesta a recibir, y eso dolía como una daga en mis intestinos. Jamás podría
volver a abrazarla, ella no querría devolverme el abrazo. No quería apuntarle
con una navaja para recibir un beso suyo. Pero no parecía tener más opciones.
Ella no me iba a querer igual, y yo no sabía qué hacer al respecto. Si algo tenía
claro, es que si no era mía no sería de nadie más.
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