viernes, 7 de junio de 2013

DÍA 2O

ALBA


Hoy ha sido un día duro. Desde que reuní las fuerzas necesarias para enfrentarme a Ángel ya no hemos vuelto a hablar. Hasta hoy. Me ha llamado por la tarde, parecía perdido y taciturno. Pensé que no podía dejarle así, lo que sucedió también fue culpa mía, la situación se nos fue de las manos…

Sin embargo he de resistir la tentación de caer en sus redes. Se acabaron los errores. Después de hablar con él y desearle lo mejor he llamado a Lucas. Vamos a cenar juntos y espero que sea una noche muy especial. Estoy cansada de disgustos, siento que he madurado demasiado con respecto al resto, y eso me excluye. Quiero volver a divertirme y ser feliz. No dejaré que nada vuelva a estropearlo. A su vez, siento que he perdido el tiempo con  Ángel, así que a partir de ahora evitaré todo contacto con él, estoy cansada de mandarlo todo al traste por una persona que no lo merece.
Ahora intento averiguar hasta qué punto soy libre, por fin. Me siento capaz de ser optimista, pero tengo miedo a volver a caer en el abismo. Las cosas no están siendo fáciles, el hecho de ser libre no quita todo lo que he vivido. Al fin ha llegado el momento de ser yo misma, de tener el valor y la fuerza que me habían robado. Espero estar a la altura de mi nueva situación.


ÁNGEL


Alba me había dicho lo que tenía miedo de escuchar. Había llegado a un punto en el que solo podía ir hacia abajo. La llamé, sin saber qué hacer, hacia dónde dirigirme. Algo me decía que ella era la única que podía comprenderme. Recordé todas aquellas veces que la había ayudado, confiando en que lo bueno superara a lo malo. Al parecer me equivoqué, ella no quería saber nada de mí. Pero yo no podía olvidarla a ella, la amaba hasta el punto de necesitarla en mi vida. Estaba cansado de las derrotas.

Vagué semanas en mi infierno particular, aunque según el calendario fueron días. No conciliaba el sueño, lo que comía era incapaz de digerirlo y me encerraba en mi habitación continuamente. Era un niño asustado por la soledad que se me venía encima. Mi madre se preocupaba por mí, me veía destrozado, aunque intentaba contenerme en su presencia. Se dedicaba a cuidarme como a un enfermo, a atenderme como la madre que anteriormente no había sido. Pasó de victimizarse a enfrentarse a la realidad y ayudarme.


Sí, había hecho daño a Alba, pero sobre todo a mí mismo. El sentimiento de culpa que sentía era demasiado grande como para almacenarse en la conciencia de un ser humano. Pero ella no quería liberarme de esa carga, y eso era lo peor. Necesitaba hablarle, encajar todas las piezas de un puzle que se había convertido en mi peor pesadilla. Como siempre Alba era demasiado egoísta como para darse cuenta. Lo peor era que en mi interior crecía la desesperación, el peor enemigo del hombre. 

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