ALBA
Hoy ha sido un día duro. Desde que reuní
las fuerzas necesarias para enfrentarme a Ángel ya no hemos vuelto a hablar.
Hasta hoy. Me ha llamado por la tarde, parecía perdido y taciturno. Pensé que
no podía dejarle así, lo que sucedió también fue culpa mía, la situación se nos
fue de las manos…
Sin embargo he de resistir la tentación
de caer en sus redes. Se acabaron los errores. Después de hablar con él y
desearle lo mejor he llamado a Lucas. Vamos a cenar juntos y espero que sea una
noche muy especial. Estoy cansada de disgustos, siento que he madurado
demasiado con respecto al resto, y eso me excluye. Quiero volver a divertirme y
ser feliz. No dejaré que nada vuelva a estropearlo. A su vez, siento que he
perdido el tiempo con Ángel, así que a
partir de ahora evitaré todo contacto con él, estoy cansada de mandarlo todo al
traste por una persona que no lo merece.
Ahora intento averiguar hasta qué punto
soy libre, por fin. Me siento capaz de ser optimista, pero tengo miedo a volver
a caer en el abismo. Las cosas no están siendo fáciles, el hecho de ser libre
no quita todo lo que he vivido. Al fin ha llegado el momento de ser yo misma,
de tener el valor y la fuerza que me habían robado. Espero estar a la altura de
mi nueva situación.
ÁNGEL
Alba me había dicho lo que tenía miedo de
escuchar. Había llegado a un punto en el que solo podía ir hacia abajo. La
llamé, sin saber qué hacer, hacia dónde dirigirme. Algo me decía que ella era
la única que podía comprenderme. Recordé todas aquellas veces que la había
ayudado, confiando en que lo bueno superara a lo malo. Al parecer me equivoqué,
ella no quería saber nada de mí. Pero yo no podía olvidarla a ella, la amaba
hasta el punto de necesitarla en mi vida. Estaba cansado de las derrotas.
Vagué semanas en mi infierno particular,
aunque según el calendario fueron días. No conciliaba el sueño, lo que comía
era incapaz de digerirlo y me encerraba en mi habitación continuamente. Era un
niño asustado por la soledad que se me venía encima. Mi madre se preocupaba por
mí, me veía destrozado, aunque intentaba contenerme en su presencia. Se
dedicaba a cuidarme como a un enfermo, a atenderme como la madre que
anteriormente no había sido. Pasó de victimizarse a enfrentarse a la realidad y
ayudarme.
Sí, había hecho daño a Alba, pero sobre
todo a mí mismo. El sentimiento de culpa que sentía era demasiado grande como
para almacenarse en la conciencia de un ser humano. Pero ella no quería
liberarme de esa carga, y eso era lo peor. Necesitaba hablarle, encajar todas
las piezas de un puzle que se había convertido en mi peor pesadilla. Como
siempre Alba era demasiado egoísta como para darse cuenta. Lo peor era que en
mi interior crecía la desesperación, el peor enemigo del hombre.
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